Alejandro Korn - Chascomús
O "De cómo pelee contra el viento por 5 horas y media pero le gané"
Esta historia comienza, como todas las historias lo hacen, con una persona ambiciosa, con ganas de hacer cosas que algunos catalogan de “locura”, y explorar más lugares que esta provincia tiene para ofrecer. Esa persona soy yo, claramente. Mi experiencia yendo a San Miguel del Monte solo me dejó con ganas de más, pero hacerlo acompañado, por una diversa lista de motivos, pero la principal siendo “seguridad” porque si me llegaba a quedar varado en el medio de la nada prefería estar varado acompañado. Acá entra el compañero de ruta, Eze, un chico que conocí por internet, que hacía cosas muy interesantes.
Hablamos un poco, hasta que logramos coordinar un día y horario para salir a Chascomús, por caminos rurales, para evitar el tránsito de la ruta.
En su gira “Growing up: Live”, antes de presentar “Sky Blue” Peter Gabriel dijo: “Cuando escribís una canción, a veces cae del aire y aterriza en tus piernas, esta no fue una de esas canciones”. Fue una canción que le tomó años terminar. Si bien hay una distancia bastante importante entre escribir una de las canciones más hermosas que haya escuchado (que ha hecho llorar a gente) y hacer un viaje de 5 horas y media a 125km de donde vivo, este viaje tampoco fue fácil de lograr para mi.
Este viaje se canceló 5 veces. 4 veces fue por las tormentas que siempre caían un viernes o un sábado, que dejaron los caminos que planeábamos tomar cubiertos de barro y agua, y la última por una lesión de mi compañero de ruta.
Pero la sexta es la vencida, y la espera valió por dos, porque fue un excelente día.
En la entrada anterior mencioné que mi ritual previo a una salida larga es mirar un capítulo de “Batman Beyond” mientras desayuno, y todavía me quedan 4 capítulos de esto, así que así empecé mi día, con un capítulo y un desayuno compuesto de café con leche, y dos rodajas de pan integral con queso crema y mermelada.
A las 5:15 salí de casa, tomé el primer tren a las 5:40, y una hora más tarde estaba en el segundo tren camino a Alejandro Korn donde iba a empezar nuestra travesía. El destino estuvo de nuestro lado y no hubo contratiempos, llegué a Korn en tiempo y forma, encontré a Ezequiel y partimos camino.
Salimos de Korn a las 7:57, encarando para el sur por la avenida Hipólito Yrigoyen, cruzamos ruta 6 y entramos a la ruta provincial 210 y 6km más tarde ya estábamos en Domselaar donde hicimos una pequeña parada técnica para pasar al baño, cargar agua y comprar golosinas para el viaje. Si bien no estuvimos mucho tiempo en los pueblos, algo que puedo decir de Domselaar es: "Los baños de la estación de servicio estaban muy limpios, había dispenser de agua, bicicletero y buena onda de parte de la gente”.
Continuamos por la ruta 210 pasando por Brandsen, donde por lástima no nos quedamos mucho porque teníamos un cronograma medio justo. Acá nos pegamos a las vías del tren, las cuales básicamente seguimos por un 60% del recorrido total.
Cruzamos el río Samborombón y pedaleamos un rato más por la ruta 29 hasta tomar un camino secundario donde se notaba que la atención estaba puesta en los ciclistas. Carteles solicitando dejar 1,5 mts. al pasar a un ciclista, y velocidad máxima reducida, dos cosas que son poco, pero valen mucho.
Frenamos un rato antes de llegar a Altamirano porque vi un lugar donde apoyar la bici y tomar un poco de agua.
En esta ocasión no pasamos por Altamirano ya que nos desvíamos un poco, algo que, si vuelvo a realizar este camino, lo corregiré, porque quiero conocer mejor los pueblos por dentro, por más que agregue tiempo de pedaleo.
A partir de acá todo el camino fue de tierra, y si bien estaba mejorada, se ve que recientemente había pasado una aplanadora porque estaba muy bien nivelado el suelo, el viento en contra nos hizo bajar el promedio de velocidad de unos lindos 25KM/H a 17… Directamente… Fue como si hubiesen encendido un interruptor que decía “Bajar velocidad”.
Hicimos una pequeña pausa en Gándara, lugar que siempre veo escrito en mayúsculas y nunca supe cómo se pronunciaba.
En esta parada aprovechamos también para tomar mucha agua y recargar ya que en la estación de policía nos dieron acceso a una canilla con agua fresca.
Retomamos camino bajo las mismas condiciones de antes, tierra y viento en contra. Nos topamos con la ruta 20 y tuvimos 1 kilómetro de asfalto. Podrá sonar a poco, pero ese kilómetro nos permitió respirar lo suficiente para darle frente al desafío que nos quedaba.
Solo dos kilómetros nos separaban de la laguna de Chascomús, pero en ese momento pasó lo toda persona que se sube a una bici teme que pase, esa señal que nos dice a todos y todas por igual “Hay que llegar”… El hambre.
En este viaje lidié con viento, tránsito, polvo, tierra, sol radiante que me quemó. Todo eso fue una pincelada en la pintura de esta travesía, el hambre fue el tropezarte con la lata de pintura y estar muy cerca de que todo se arruine. Si bien salí preparado, con mi desayuno y mis sagradas gomitas, así como agua en copiosas cantidades (2.75 litros), y en general con eso me suele alcanzar, conozco mi cuerpo después de haber hecho distancias similares varias veces, pero el esfuerzo extra por el viento me cambió la ecuación y los números empezaban a dar mal.
El problema con el hambre es que no es solo hambre, es solo el primer dominó que cae. Cuando empezás a tener hambre también empezás a sentir otras cosas, como el sol que te quemó las orejas, o la sed que el agua tibia ya no sacia, o los dolores musculares que te aquejan.
Finalmente llegamos a la Costanera de Chascomús y si bien no veía la laguna el aire ya olía a agua cerca.
Cuando llegamos a la costanera doblamos a la izquierda, pero ahora, viendo todo desde afuera me doy cuenta que deberíamos haber doblado primero a la derecha, porque nos perdimos de ver algo llamado “Castillo de la Amistad” y el taller de Mateo Salinas, que no es que lo quería ver (porque no sabía de su existencia) pero me hubiera gustado… Pero bueno, con el diario del lunes…
La vuelta a la laguna son 32kms en total, nosotros hicimos 27.
Nos cruzamos con casitas, casas y casonas; campings baratos, campings caros y campings abandonados; tramos llenos de gente y tramos llenos de soledad.
En todo momento notamos que, si nos cruzaba un auto era a baja velocidad y dejando espacio, y la zona cercana a la laguna estaba limpia. No sé si será porque la gente se encargaba de limpiar lo suyo, o porque los empleados de limpieza le daban mucha atención a la limpieza del lugar. La respuesta, probablemente, se halle en el punto medio de ese espectro.
Finalmente llegamos a la ciudad, a las 13:50, solo 20 minutos más tarde de lo planeado. El plan era comer en el Restaurante, donde la comida fue muy rica y a buen precio*, y luego terminar la vuelta a la laguna. Dadas las complicaciones de este viaje no sorprende que no hayamos podido realizar esto.
El cansancio era mucho, el viento seguía fuerte, así que decidimos comer, disfrutar la compañía mutua y volver en paz a casa.
En todo el camino nos habremos cruzado con un máximo de 10 ciclistas, tal vez 12. En el tren nos encontramos a todos los demás. Éramos fácil 40 ciclistas, tratando de organizarnos, subir las bicis, buscar asiento. Por suerte una mujer nos dijo a todos “Esperen!” y empezó “¿A dónde bajás?” “En Brandsen” “Bueno, entonces no pongas la bici ahí, ahí la vamos a poner los que bajamos en la anterior” y así se fue organizando, las bicis de quienes bajábamos al final, al final, los que bajaban primero adelante de todas las demás. Puede haber demorado un poco más, pero el tiempo que ganaron al momento de bajar supera con creces el perdido en organizarlo al principio.
A las 16:03 partió el tercer tren del día. A las 17:50 estábamos en Korn. 18:15 salía el (cuarto) tren a Constitución y acá me hubiese encantando tener la energía de esa mujer para organizar un poco, porque había gente que se bajaba en la siguiente estación poniendo la bici atrás de todo, que causó muchos problemas a la hora de bajar.
19:40 estaba en Once comiendo un pancho. 20:20 estaba en casa guardando la bici.
Durante este viaje hablaba con Ezequiel sobre el por qué de los viajes largos. Le comenté que mi segunda adicción más grave es el celular (la primera es el azúcar). Antes salía a correr y tenía que tener música, o un podcast, algo que me distraiga. Hasta que me crucé con un video de un triatleta en el que simplemente decía que trataba de entrenar sin música, para poder concentrarse en lo que estaba haciendo.
En estos momentos de nuestras vidas en el que la mayoría de la gente está atada a una pantalla (el monitor del trabajo, el celular, la tele), tomar la decisión de salir a básicamente ignorar la pantalla de tu celular por 5 horas y media es un pequeño acto de rebelión.
Tal vez durante el día termine mirando el celu más tiempo de lo que debería, o viendo un video de una hora de algo que no está tan bueno, pero al menos trato de hacer algo, y estas victorias también hay que cantarlas.
Espero que hayan disfrutado de leer esto tanto como yo disfruté el escribirlo. Y al gran pueblo argentino ¡Salud!
*Análisis de costos:
Tren a Once: $360 X 2 = $720
Tren a Korn: $450 X 2 = $900
Tren de Chascomús a Korn (vuelta): $1.120 (solo en un sentido)
Gomitas mogul: $3.000
Milanesa a la napolitana con agua, gaseosas y postre: $61.500 / 2 = $30.750
Propina: $10000 / 2 = $5.000
Pancho en Once: $2.000
Gasto total: $43.490
(El gasto claramente se podría haber disminuído un montón si comíamos algo mucho más barato, pero quería una milanesa a la napolitana con papas fritas, mucha agua y mucha gaseosa.)
Marin Four Corners. Microshift SWORD 9X2. Maxxis Rambler 700X45





